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CADA VEZ QUE ESCRIBO SIENTO QUE MUERO UN POCO

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Cada vez que escribo, siento cómo un fragmento de mí se disuelve en el papel, como si la tinta absorbiera silenciosamente un pedazo de mi ser que no volverá. Las palabras no nacen solo de la mente, brotan de un abismo profundo, de un vacío que arrastra consigo un peso imposible de nombrar, un eco sordo que persiste mucho después de que las frases terminan. Al plasmar ideas, emociones y recuerdos, percibo que me desprendo de algo esencial, como si cada oración fuera un pequeño entierro de aquello que me define y que nunca podré retener del todo.
Es un duelo íntimo y cotidiano: mientras doy forma al pensamiento, muere un trozo de vida que no regresará, y me descubro más ligero y despojado, aunque el alivio sea apenas perceptible. Escribir se transforma en un espejo cruel que refleja mis sombras más profundas, aquellas que la rutina y la costumbre logran ocultar solo a medias. Me obligo a mirar lo que intento esconder, a enfrentar la vulnerabilidad que rehúyo. Cada palabra susurra lo que fui y lo que aún intento ser, cada línea alberga un vacío que nadie podrá llenar, una grieta silenciosa y persistente en mi interior. Sin embargo, existe un extraño consuelo en esta agonía: la certeza de que la tristeza tiene su propio ritmo, que cada duelo personal encuentra un eco en la tinta, aunque sea efímero, silencioso e invisible para los ojos ajenos. Escribir también me recuerda la fragilidad de la existencia, la delicadeza de la vida que se fragmenta lentamente en actos de expresión. Cada gesto creativo es un hilo que se tensa, que a veces duele más de lo que alivia, y cada texto se convierte en un testamento íntimo, un rastro de lo que fui, lo que soy y lo que inevitablemente se pierde en la corriente del tiempo. La escritura, paradójicamente, es a la vez rescate y pérdida: recupera la memoria y los sentimientos, pero exige un sacrificio silencioso de partes de mí que se desvanecen con cada palabra. Y, sin embargo, en esa constante pérdida habita una belleza dolorosa y extrañamente luminosa:
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editorial
edición del autor
disponibilidad
impreso bajo demanda
año edición
2026
n° edición
1
categoría
Comunicación
n° páginas
173
formato
17 x 24 cm (sin solapa)
encudernación
Rústico (pegado)
papel
Papel Blanco 75 Grs
color
Blanco y Negro
David Francisco Camargo Hernández

David Francisco Camargo Hernández
Nacionalidad Colombiano.
Escritor, humanista y economista con especialización, maestría y doctorado. Artista plástico. Inventor. Guionista. Becario de universidades europeas. Director Fundación Sueños de Escritor y ediciones Dafra. Premios literarios y académicos en los años 2001-2005-2008-2010-2016-2017 en eventos internacionales. Profesor de posgrado.
INVESTIGADOR CVLAC COLCIENCIAS.
Conferencista internacional basando
los temas en sus propios libros. Propende por una economía «más humana, más igualitaria, capaz de contribuir a mejorar la calidad de vida de la comunidad». En 2010 algunas de sus publicaciones fueron traducidas a varios idiomas. Una de las más destacadas se titula: “cómo regionalizar el país”. Y por «su sobresaliente trayectoria literaria y pensamiento comprometido con los problemas de l leer todo...

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