Amor, culpa y rencor.
¡Maravillosa obra!
ahogando una ilusión. Me escuchaba el corazón. Me escuchaba existiendo. Nada estaba ahí con nosotros, no estábamos en el mismo lugar que todos, era un nuevo océano donde mi cuerpo te lo entregué por mis ojos. Había un ancla de mí hasta tus ojos, me liberaste de la gravedad, floté y me acomodaste en el suave colchón de unas medusas brillantes. Te pusiste a nadar conmigo; miraba las estrellas dibujadas perfectamente más allá de tus estrías visuales, me sumergí en ti seco y mojado. Arriba y abajo. No podía dominarme, no quería, me rendí, era placentero rendirme, te pedí que me amaras, respirabas conmigo. Te alejaste un poco, me diste aire, mirabas segura. ¡No hagas eso, no lo hagas, déjame aquí, hay tanto azul!, ¡por favor! Tibia, perfectamente tibia; suave, inmejorablemente suave; dulce, matemáticamente dulce; deliciosa, inconcebiblemente deliciosa.
Activaste todos mis nervios, me pusiste alerta del todo por el todo, tenía al todo encima. Cerraste los ojos, te deslizaste sin falla por la última hilera de células, impecablemente, como si disfrutaras de la tela llamada aura. Usaste los dedos, revolviste mi espíritu como pintura ebru. leer todo...
Libros Plexo
Mi prosa es un bisturí; de un cinismo puro y duro, y no me importa atacar a progresistas, conservadores, al pueblo, a la élite, a sus dioses, a la cultura... No soy provocador, soy incendiario. Mis textos son de combate. Criticar y ridiculizar a todo el sistema de valores, y su elitismo intelectual que solo oscurece. Romper el fino aura de todo lo existente. Ese es mi Realismo Termodinámico.
Extremadamente lúcido, fascinante, genial... cruel.
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